Gratis
| 1 cuota de $28.990 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $28.990 |
| 2 cuotas de $14.495 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $28.990 |
| 6 cuotas de $6.392,78 | Total $38.356,67 |
| 3 cuotas de $9.663,33 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $28.990 |
| 3 cuotas de $11.695,53 | Total $35.086,60 |
| 3 cuotas de $12.352,64 | Total $37.057,92 | |
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Es muy extendida la idea de que nuestros derechos más fundamentales no tienen costo alguno. Afirmar lo contrario, confesar que tenemos que renunciar a algo a fin de adquirirlos o conservarlos, puede parecer una paradoja, una contradicción o incluso una amenaza a su preservación. Las libertades privadas tienen costos públicos, y esto vale tanto para el derecho a la seguridad social o a la asistencia médica como a la propiedad privada o a la libertad de expresión. Y si protegerlos o exigirlos goza de amplia y profunda aprobación, al mismo tiempo los ciudadanos parecen olvidar con facilidad que esas facultades dependen de una acción estatal vigorosa. La libertad personal, tal como la experimentamos y apreciamos, presupone una cooperación social administrada por funcionarios gubernamentales. Es decir que la esfera privada, que con justicia valoramos tanto, es sostenida por la acción pública. Sunstein y Holmes indagan sobre lo que podemos aprender acerca de los derechos reflexionando sobre sus costos presupuestarios. Estudiar los costos no significa restar importancia a la política y la moral, sino más bien obliga a considerar esas cuestiones. El tema es tan importante precisamente porque llama la atención sobre la relación entre los derechos, por un lado, y la democracia, la igualdad y la justicia distributiva, por el otro.
