| 1 cuota de $31.889 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $31.889 |
| 2 cuotas de $15.944,50 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $31.889 |
| 3 cuotas de $13.380,62 | Total $40.141,87 | |
| 6 cuotas de $7.227,11 | Total $43.362,66 |
| 3 cuotas de $13.533,69 | Total $40.601,07 | |
| 6 cuotas de $7.699,60 | Total $46.197,59 |
| 3 cuotas de $13.729,28 | Total $41.187,83 | |
| 6 cuotas de $7.536,97 | Total $45.221,79 |
| 1 cuota de $31.889 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $31.889 |
Es muy extendida la idea de que nuestros derechos más fundamentales no tienen costo alguno. Afirmar lo contrario, confesar que tenemos que renunciar a algo a fin de adquirirlos o conservarlos, puede parecer una paradoja, una contradicción o incluso una amenaza a su preservación. Las libertades privadas tienen costos públicos, y esto vale tanto para el derecho a la seguridad social o a la asistencia médica como a la propiedad privada o a la libertad de expresión. Y si protegerlos o exigirlos goza de amplia y profunda aprobación, al mismo tiempo los ciudadanos parecen olvidar con facilidad que esas facultades dependen de una acción estatal vigorosa. La libertad personal, tal como la experimentamos y apreciamos, presupone una cooperación social administrada por funcionarios gubernamentales. Es decir que la esfera privada, que con justicia valoramos tanto, es sostenida por la acción pública. Sunstein y Holmes indagan sobre lo que podemos aprender acerca de los derechos reflexionando sobre sus costos presupuestarios. Estudiar los costos no significa restar importancia a la política y la moral, sino más bien obliga a considerar esas cuestiones. El tema es tan importante precisamente porque llama la atención sobre la relación entre los derechos, por un lado, y la democracia, la igualdad y la justicia distributiva, por el otro.
